Capítulo 2: Casualidades no tan imposibles

Intranquilo y sin saber qué hacer, Dani miró su reloj de pulsera, eran ya casi las cinco de la tarde y aún no sabía nada de sus seres queridos. Sacó su teléfono móvil del bolsillo derecho, soltando en primer lugar el cuchillo en la cama. Ni una llamada, ni un mensaje… para colmo seguía sin cobertura, y ni tan siquiera podía salir de casa para buscarlos. Volvió a guardarlo en el mismo bolsillo.

- ¡Todo esto es una locura!, ¿seguro que toda esta mierda no es una puta pesadilla? Muertos con vida y que quieren matarnos para alimentarse, disparos, calles desiertas, o casi desiertas, destrucción por doquier, mi gente ha desaparecido sin dar explicaciones, sin avisar, y para colmo esa terrible explosión que seguramente se ha escuchado en todo el pueblo. ¡Esto es de locos!, dijo enfurecido y golpeándose fuertemente la cabeza varias veces con su mano derecha.

Era inútil golpearse, Dani sabía de sobra que no lo estaba soñando, era real, por lo que intentó calmarse y se mantuvo en silencio. Desde donde él se encontraba se seguían escuchando los desesperantes y aterradores gruñidos de los zombis, sin embargo, desde que se escuchó aquella enorme explosión, habían dejado de golpear la puerta y el resto de la casa.

Había que destacar que desde entonces también había dejado de escucharse aquel dichoso helicóptero, que por lo bajo que estaba volando y el extraño ruido que realizó durante los últimos segundos antes de la explosión, daba a entender que se había estrellado, no había otra explicación.

Tras unos momentos comenzaron a escucharse más disparos, infinidad de ellos. Esta vez no eran de una pistola, sino que eran continuos, disparos que hasta ahora solo había escuchado en los videojuegos y películas de guerra. Se trataba con total seguridad de un arma pesada y automática, posiblemente un rifle de asalto. A su vez, también se escuchaban pasos no coordinados pero rápidos de alguien que se aproximaba por el lado contrario a los disparos de la pistola.

- ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! ¡Tomad hijos de putaaaaaaaaaaaa! ¿No tenéis tanta hambre? ¡Pues comed plomo malditos apestosos! ¡Mamoneeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees!, se escuchó en la calle mientras aquel hombre vaciaba el cargador disparando como un loco.

Dani, rápidamente levantó la persiana nada más terminar de escuchar a aquella persona, que seguía disparando sin cesar a la inmensa multitud de zombis que intentaban acorralarlo. Se trataba de un hombre, bastante joven, equipaba uniforme militar y efectivamente empuñaba un rifle de asalto, parecía una M4. En la espalda llevaba una mochila, también con camuflaje militar, de la que sobresalía el cañón de otro rifle de asalto similar.

Había que destacar que su rostro estaba parcialmente manchado de sangre y tiznado, al igual que su uniforme, que se encontraba bastante deteriorado y quemado.

Lo observó durante unos segundos. Seguía disparando y, aunque ya no quedaban demasiados de estos seres en pie, Dani sintió la necesidad de bajar por si necesitaba apoyo.

Sonaba irónico, un ciudadano de a pie equipando un martillo y un cuchillo sentía la necesidad de ayudar a un soldado que disponía de un rifle de asalto y capacidad para manejarlo sin problemas, según podía ver. Pero, más que necesidad, era intuición… una especie de presentimiento, un presentimiento más de esos que solía tener.

No lo pensó, ya había visto antes como una gran cantidad de muertos vivientes perseguían y se comían a una mujer. No podía quedarse allí mirando una vez más, no sin hacer nada, por lo que recogió el cuchillo de la cama, lo sujetó con fuerza.

Miró rápidamente por el balcón con la intención de hacer un breve reconocimiento de la zona, el hombre se encontraba casi en frente de su casa y quedaban once zombis a su alrededor, siete calle arriba, tres calle abajo y uno cerca de la puerta de su casa, todos ellos acercándose a aquel soldado, unos a mayor velocidad que otros, mientras él seguía disparando.

Salió de la habitación y bajó rápidamente por las escaleras, continuó por el pasillo, recogiendo de camino las llaves y abrió la cancela cuanto antes. Seguían escuchándose los disparos, así que echó un breve vistazo por la mirilla de la puerta mientras la abría con la llave, procurando no hacer ruido, aunque con mucha dificultad ya que con el cuchillo en la mano no era precisamente fácil. Quedaban solamente tres, uno calle arriba, otro calle abajo y el que estaba cerca de la puerta.

Se veían bastante “concentrados” en querer devorar a aquel soldado, por lo que, sin pensarlo demasiado, abrió parcialmente la puerta sigilosa pero rápidamente y levantó la mano con el cuchillo bien sujeto, en plan amenazante y con la adrenalina al máximo.

El soldado realizó cinco disparos más, tres al que venía calle arriba y dos al que venía calle abajo, todos en la cabeza de aquellos hambrientos zombis.

- ¡Mierda! ¡No!, ¡ahora no!, gritó mientras apuntaba al tercer y último zombi que quedaba en pie, mientras apretaba el gatillo varias veces sin que salieran más balas.

Era el turno de Dani, si fallaba, estaría muerto, ambos lo estarían. El zombi estaba de espaldas y se encontraba a menos de cuatro metros del soldado, por lo tanto pensó que sería más fácil atizarle con el martillo en la cabeza, así que a toda velocidad se cambió las armas de las manos.

- ¡Muere de una puta veeeez! ¡Caaaaaaabroooón! ¡Aaaaaaaaght!, gritó Dani con todas sus fuerzas, levantando la mano derecha con el martillo y dirigiéndose ágilmente al zombi.

Dani propinó un potente y eficaz golpe en la cabeza del zombi, décimas de segundo después de que éste comenzara a girarse para cambiar de objetivo. Seguidamente aquel repugnante ser se desplomó al suelo con un enorme boquete en la cabeza. Sin embargo, seguía gruñendo con dificultad e intentaba levantarse. Así que, impulsivamente, continuó golpeando su cabeza con el martillo hasta cuatro veces más, hasta que le reventó el cráneo por completo, el olor que despedía era asqueroso.

- Supongo que te debo una, amigo. Teniente Juan Manuel Florindo, J.M. para abreviar, soy miembro de los GOES, Grupo de Operaciones Especiales. Dijo el soldado muy seriamente mientras tendía la mano a Dani.

- Tranquilo, para eso estamos… este mundo ya no es lo que era, por lo que veo. Daniel Moreno, puedes llamarme Dani, encantado. Contestó, mirándolo extrañado y devolviéndole el saludo, pasándose previamente a la otra mano el ensangrentado martillo junto con el cuchillo.

- ¿Qué? ¿Tengo monos en la cara? ¿Pasa algo?, preguntó el soldado, mientras comenzaba a mostrar en su rostro una especie de sonrisa burlesca que trataba de esconder.

- Bueno… te va parecer una locura… pero… me resultas familiar… sobre todo tu nombre… pero ahora mismo no caigo… ¿Te conozco de algo? Respondió Dani, intentando recordar e ignorando la sonrisilla del soldado, ese nombre solamente le sonaba de una cosa, pero, no, no podía ser… era imposible.

- Pues… chaval… tú dirás… el enviciado a las redes sociales eres tú, bueno, eras… porque creo que esa vida ya no la volveremos a ver… Dijo en tono irónico aún con la sonrisa en la cara, esperando que Dani recordara.

- Pero… ¡Ostia! ¿Tío no me jodas? Joder… ¿Eres tú? No me lo puedo creer… ¡Es imposible! Es decir… hay zombis hambrientos de estos por todas partes… llevo todo el día sin saber nada de nadie. Toda mi familia, mi novia y mis amigos han desaparecido… ¿y apareces tú pegando tiros con una M4? Definitivamente esto es de locos… ¡De locos!, dijo Dani aún sin creérselo, pero sonriendo por primera vez en todo el día.

- Pues sí tío, soy yo. Pero esto no es una M4, es un HK416, la versión mejorada de la carabina M4. Supongo que muchas de las grandes coincidencias de esta vida solamente se dan en los peores momentos… aún así me alegro de haber encontrado a alguien conocido en medio de este caos. ¿Te ha costado descubrir quién era, eh?, preguntó en tono irónico.

- Sí, supongo que tienes razón… creo que ya no me queda nada por ver después de todo esto… Y sí, me imaginaba que eras tú… pero no se… es tan surrealista que creía que era imposible.

- Pues colega… siento decirte que no, no lo has visto todo… ni te imaginas como se ve la situación desde ahí arriba… es un completo descontrol, el número de zombis aumenta considerablemente por momentos. Cuantos más zombis más muertes, y por lo tanto, más zombis, y así sucesivamente. Está cundiendo el pánico… tienes razón… es de locos… pero es la realidad…, aseguró el teniente J.M.

- Un momento… ¿me estás diciendo que tú formabas parte del helicóptero que se ha estrellado antes? Preguntó Dani asombrado.

- Pues sí, ¿por qué crees que tengo estas heridas y quemaduras? Lo que no me explico es cómo sigo vivo… Suerte, supongo…, expresó el teniente J.M. mientras se sacudía el tiznado del uniforme.

- ¿Y se puede saber qué ocurrió?, ¿por qué se estre…

De repente, comenzaron a escucharse nuevos gruñidos y pasos arrastrados que se acercaban a una velocidad considerable calle abajo.

- ¡Tenemos compañía! ¡A prisa! ¡Refugiémonos en tu casa hasta que pensemos en algo!, susurró seriamente el teniente J.M. mientras miraba tres nuevos zombis que se acercaban calle abajo.

Ambos corrieron hasta la casa, que estaba muy cerca, y rápidamente Dani cerró con llave nada más entraron.

- En cuanto a lo del helicóptero… bueno… transportábamos a uno de los nuestros que había sido gravemente herido por fuego amigo durante un combate contra un enorme grupo de zombis, poco después de iniciar el despegue murió… y… bueno… al cabo de unos cinco minutos de su muerte comenzó a recobrar vida, ninguno de nosotros se lo esperó, y de un momento a otro se abalanzó al piloto y le mordió la yugular, no pudimos evitarlo… y el resto ya te lo puedes imaginar… Por suerte volábamos muy bajo y pude saltar sobre un tejado segundos antes de que explosionara a unos metros de mí, reveló el teniente J.M., suspirando y acachando la cabeza mientras se la sostenía con una mano.

- Pff… Lo siento… debe de haber sido difícil…

- No te preocupes, tú no tienes la culpa… intento no pensar en ello. Tengo la suerte de seguir con vida, al contrario que mis compañeros, y bueno, te he encontrado a ti y me has salvado la vida. De momento no he perdido el optimismo, expresó el teniente J.M. con una leve y forzada sonrisa.
Un tremendo golpe seguido de otros tantos y numerosos gruñidos volvieron a escucharse tras la puerta, sobresaltándolos momentáneamente.

- Espera, has dicho que… que tu compañero murió por fuego amigo, ¿verdad? Es decir, que antes de eso no fue mordido ni arañado por ninguno de ellos… Entonces, quieres decir que…

- Eso es… no creo que haya mucha gente que lo sepa… pero yo lo he visto con mis propios ojos. Revisamos por completo el cuerpo de mi compañero antes de que se transformara: ni arañazos, ni mordiscos, solo un disparo muy cerca del corazón. Siento decirte que al parecer todos estamos infectados, se puede decir que el mundo se divide en zombis vivos y zombis muertos, y que si un zombi muerto te muerde, lo único que ocurre es que la fiebre te mata y por lo tanto te conviertes antes. Explicó el teniente J.M. a Dani, interrumpiéndolo.

- Pero… ¿Se sabe algo de todo esto?, ¿de cómo ha ocurrido semejante locura?, ¿y mi familia, y mis amigos?, ¿se sabe si han sido trasladados a algún lugar por parte de las autoridades?, ¿y qué hay de mí?, ¿por qué nadie me ha avisado esta mañana de lo que había ocurrido? Todo esto es tan desesperante y disparatado…, le preguntó Dani bastante confuso y preocupado, con la esperanza de que él supiera algo.

- Lo siento amigo, de este asunto tan negro se sabe bien poco. Mis fuentes lo único que me confirmaron fue que estaba ocurriendo en todo el mundo y que tratásemos de poner a salvo a las personas no infectadas y de erradicar a los infectados. Pero todo se ha descontrolado demasiado, en muy poco tiempo. Todo es un verdadero peligro, y aún habrá muchos más infectados… ése es el verdadero problema… En cuanto a tus seres queridos, no tengo ni la más remota idea, es posible que alguien llegara y los avisara en mitad de la locura y huyeran, y estén refugiados en algún lugar más seguro que esto, o… siento decirte que puede que no hayan tenido esa suerte, pero como te he dicho, soy optimista.

- Puff… esto solo puede ser el resultado de algún proyecto científico que se ha ido de las manos o algo parecido… he visto demasiadas películas y solo se me ocurre eso. Dijo Dani pensativo y muy preocupado.
Continuaban escuchándose los incansables gemidos de aquellos seres deseosos de carne y sangre fresca que arañaban y golpeaban la puerta, cada vez con más intensidad.

- La verdad es que no lo sé, ahora solo nos queda confiar en que haya una solución a todo esto, una cura, un antídoto, ayuda, lo que sea… En fin, solo sé una cosa, tenemos que largarnos de aquí, estas casas son seguras y las puertas también, pero no me fio de estos seres, y aquí tras la puerta solamente los estamos atrayendo. Comentó el teniente J.M susurrando.

- Sí, tienes razón, entremos, dejaré la cancela cerrada con llave también, eso reforzará la seguridad y nos dará ventaja en caso de que logren entrar. Susurró Dani decidido.

Ambos caminaron lentamente por el pasillo cerrando con llave la cancela y se detuvieron en el patio que comunicaba al pasillo con el salón. Colocando Dani el cuchillo y el martillo ensangrentado en una de las bonitas sillas que decoraban el patio.

El reloj marcaba ya las seis y treinta y siete minutos de la tarde. El teniente J.M. se mantuvo en silencio y pensativo, mirando de manera desapercibida hacia todo su alrededor, mientras tanto, Dani intentaba idear un plan y buscaba la forma de pedirle ayuda al teniente J.M., para que pudiese encontrar a sus seres queridos, comenzando por donde se oyeron aquellos disparos.

De repente, el teniente J.M. suspiró y miró fijamente a Dani.

- ¿Con qué armas cuentas?, le preguntó sin rodeos y seriamente.

- Pues la verdad es que poca cosa: un cuchillo, un martillo y dos navajas, una normal y la otra multiusos, al menos eso ha sido lo mejor que he podido encontrar. Bueno, y arriba mi padre tiene una escopeta de plomos, pero no hay plomos por ningún lado, así que no es de gran utilidad. ¿Y a ti que te queda? Le preguntó Dani al teniente J.M.

- En la recámara de esta pequeña nada, pero en la mochila debe quedar como para fusilar a un buen número de esos cabrones. Veamos qué tenemos por aquí: mi segundo fusil de asalto HK416 con silenciador, mi 9 mm con silenciador, veinte cargadores de la primera y cinco de la segunda, mi cuchillo de combate, mi walkie, que lleva un tiempo sin funcionar, y adivina qué, tres granadas. A parte de eso me queda algo de primeros auxilios, unas cuantas barritas energéticas y poco más. Dijo mientras abría todos los compartimentos de la mochila y miraba en su interior.

- Bueno… no podemos quejarnos… ¿Alguna idea de qué podemos hacer ahora? Le preguntó Dani.

El teniente J.M. se mantuvo pensativo durante unos segundos mirando fijamente a Dani, finalmente decidió responder mientras ponía su mano en su barriga y fruncía el ceño.

- Has dicho que querías buscar a tus seres queridos, ¿verdad?

- Sí, así es, no sé nada de ellos desde anoche.

- ¿Pero tienes alguna idea de dónde pueden estar? ¿Algún indicio? ¿Algo?

- Sí, solo una cosa. Antes de que tu llegaras escuché varios disparos calle abajo, donde vive mi mejor amiga, se llama Raquel. Quizás aún siga viva, pero si lo está, seguramente esté en peligro. Quise ir, pero era imposible, es demasiado peligroso.

- Perfecto, mira, puesto que no nos podemos quedar aquí indefinidamente y que cada segundo que pasa cuenta, hagamos un trato.

- Dime, ¡lo que quieras!

- Verás, tengo casi tanta hambre como un bicho asqueroso de esos, así que este es el trato, déjame comer algo que tengas por aquí en casa para recuperar fuerzas y después nos ponemos en marcha, no sin trazar antes un plan, claro está.

- Por supuesto, píllate lo que quieras, esta es tu casa, de hecho yo también tengo algo de hambre. Si necesitas algo más que no sea comida, cógelo también.

Ambos entraron al comedor y prepararon algo de comer en la cocina, intentando ignorar el apestoso olor a comida quemada que aún hacía acto de presencia. Mientras tanto, desde allí, todavía podían escucharse los constantes gemidos y golpes de aquellos seres que solamente buscaban dos cosas, comer y matar.

- ¡Listo! ¿Tú que llevas en tu mochila? Le preguntó el teniente J.M. a Dani, mientras terminaba de masticar el último trozo de un bocadillo de jamón y queso.

- Pues algo de primeros auxilios, algunas latas de conserva, una botellita de agua y algún que otro objeto que puede sernos de utilidad como un mechero, pilas, una linterna y ese tipo de cosas, y te va a parecer increíble, pero también llevo mi consola portable y su cargador, y el del móvil también. Respondió Dani, haciéndose a la idea de que el teniente J.M. iba a burlarse por esa estupidez de llevar la consola.

- Bueno, con eso creo que es suficiente, todo nos puede ser de utilidad. Lo peor que nos puede pasar es que nos quedemos sin comer o sin beber durante mucho tiempo, o peor todavía, que un muerto andante nos agarre. Aseguró el teniente J.M. mientras ambos volvían a salir al patio de antes.

- Bueno, ha llegado la hora, necesitamos un plan, pregúntame lo que necesites saber para que todo salga bien. Dijo Dani observándolo atentamente.

- De acuerdo, veamos, vamos a hacerlo de la forma más sencilla, rápida y controlada que podamos. Por lo tanto lo primero que necesito saber es si dispones de un vehículo en el que nos podamos mover, preferentemente un vehículo cerrado y dónde se encuentra en estos momentos.

- Pues sí, claro que sí, es el Seat Ibiza color gris que está justo delante de mi puerta, aunque tenemos dos problemas…

- Soy todo oídos… Dijo en tono irónico el teniente J.M.

- Que por las calle habrá vehículos abandonados que es posible que nos corten el paso si intentamos circular… y que seguramente todo esté lleno de zombis.

- ¿Y? Preguntó J.M. en tono desesperante.

- Pues que si nos quedamos sin salida y se nos echan encima no tendremos escapatoria.

- Pues hay que intentarlo, no tenemos demasiadas opciones. Dijo J.M.

- Tienes razón. Bueno, solo nos queda solucionar un pequeño detalle. Dijo Dani frunciendo el ceño y mirando la puerta de la salida, en la cual seguían escuchándose gemidos de al menos una decena de zombis.

- Lo sé, a eso voy, no me metas prisa. Toma, por ahora quédate tú con esta, es una Heckler & Koch USP con silenciador, este modelo en concreto dispone de un cargador de trece balas. ¿Sabes cómo disparar? Preguntó a Dani mientras se la entregaba.

- Pues nunca lo he hecho, pero según dicen, es fácil: se quita el seguro, se apunta y se dispara. ¿Cierto? Preguntó, confiando en que ésa era la forma de hacerlo.

- Pues sí, pero úsala con firmeza y confianza, apuntando correctamente al objetivo. Te daría algunas prácticas de tiro, pero no es el momento ni el lugar adecuado.

- No te preocupes, creo que sabré usarla, tú explícame el plan. Le dijo, cogiendo cuidadosamente el arma y guardándola en su cintura, asegurándose de que el seguro estaba puesto.

- De acuerdo, tienes que coger las llaves del coche y revisamos desde dentro cuántos cabronazos de esos hay fuera. Cuando sepamos los que hay, yo empuño mi HK416 silenciada, abrimos la puerta y comienzo a matarlos uno a uno lo más rápido que pueda, en cuanto queden pocos, yo te aviso, vas hacia el coche, entras y arrancas mientras yo te cubro de los que queden. Cuando termine y me esté acercando al coche abres la puerta de mi lado rápidamente, entro y salimos cagando leches de aquí, tu arma es por si en cualquier momento tienes que usarla. ¿Qué te parece? Preguntó, como si estuviese esperando la aprobación de Dani.

- Un poco arriesgado, pero no creo que salga mal teniendo en cuenta que es un buen plan y que estamos bien equipados. Me temo que no tenemos opción. Estoy de acuerdo con el plan. Confirmó Dani.

- Pues en marcha, no hay tiempo que perder, coge las llaves del coche, yo cojo las de la casa y cuando pasemos por la cancela la dejo cerrada, de esta forma, aunque dejemos la de fuera abierta durante la huída, los zombis no infectarán la casa. Explicó el teniente J.M.

- ¡Te admiro! Exclamó Dani después de escuchar ese detalle del plan.

Ambos se dirigieron a la puerta de la salida, atravesando el pasillo y tomando las llaves del coche y las de casa, quedándose Dani con las del coche y el teniente J.M. con las de casa.

- ¡Listo! ¡Zona asegurada! Susurró J.M. al terminar de cerrar con llave la cancela.

Aún seguían escuchándose fuera los aterradores sonidos que emitían aquellos seres, gruñidos, pasos, golpes, arañazos, incluso cómo movían la dentadura, aunque eso sí, daba la sensación de que ahora estaban distraídos, ya que los sonidos provenían del resto de la calle, no del exterior de su casa en sí.

- Déjame observar por la mirilla. Susurró J.M. acercando su ojo a la mirilla.

- Sí, adelante. Susurró Dani apartándose.

- Vamos, tenemos cuatro hijos de puta en la acera de enfrente juntos, y otros cuatro merodeando alrededor, seguramente habrá más, pero desde aquí no puedo verlos. Susurró mientras miraba por la mirilla.

- Entonces… ¿qué propones? ¿Acabamos primero con estos y seguimos con el plan?

- ¡Bingo! Acabo con estos ocho y en cuanto te diga “¡Ya!” te diriges al coche mientras te cubro de los que puedan llegar, el resto ya sabes cómo va.

- Perfecto, cuando quieras. Susurró Dani tragando saliva pero seguro de querer hacerlo.
J.M. introdujo la llave en la cerradura y fue abriendo con mucho cuidado procurando no hacer ruido.

- Ok, mantén la puerta cerrada y a la de tres, abres de par en par y empiezo a disparar, después, te aviso y haces tu trabajo. Susurró el teniente J.M. alejándose un poco de la puerta y empuñando su rifle de asalto en posición de ataque.

Dani confirmó moviendo la cabeza de arriba abajo.

- Uno, dos… y ¡tres! Susurró en voz un poco más alta el teniente J.M.
Justo en ese momento Dani abrió la puerta por completo y J.M. comenzó a realizar disparos limpios en la cabeza a todos los zombis que se encontraban cerca, casi sin que se dieran ni cuenta.

El teniente J.M. rápidamente pero con cuidado asomó la cabeza por la puerta y miró a izquierda y a derecha. A la izquierda había unos ocho más, pero estaban bastante lejos y distraídos, a la derecha, quedaban cuatro más, que estaban aproximándose a su posición.

- ¡¡¡Ya!!! Dijo el teniente J.M. a Dani, no demasiado alto para que los ocho de la izquierda tardasen algo más en enterarse de lo que estaba pasando.

Dani salió corriendo sin parar lo más rápido que pudo, rodeando el coche a toda velocidad, abriendo la puerta, entrando, cerrándola velozmente, lanzando su mochila atrás y tratando de arrancar el coche mientras el teniente J.M. aniquilaba a los otros cuatro.

- ¡¡Rápido arrancaaaaaaaaaa y ábremeee la puertaaa!! ¡Que aquellos cabronazos acaban de darse cuenta y vienen hacía aquí! Gritó como un desesperando J.M.
Justo en ese momento Dani arrancó el coche, acelerando al máximo, seguidamente se inclinó hacia la derecha y le abrió rápidamente la puerta.

-¡¡Rápido!! ¡¡Entra!! ¡¡Nos largamos de aquí!! Avisó a J.M. gritando mientras él continuaba disparando a medida que una multitud más de zombis iban acercándose.

J.M. entró en el vehículo y mientras cerraba la puerta Dani dio un acelerón a la vez que giraba para salir de allí, lo que provocó una impresionante humareda y un sonoro derrape.

Justo en ese momento un zombi dio un golpetazo al cristal de la ventanilla del teniente J.M. y comenzó a agarrarse y a gruñir, mostrando sus podridos dientes y sus ojos medio blancos pero ensangrentados. Por suerte no logró romper la ventanilla y ya habían comenzado la marcha, y, aunque se llevaron unos cuantos espejos retrovisores y otros objetos por delante, al zombi no le quedó más remedio que soltarse.

- Ha estado cerca, ¿verdad? Preguntó con cara de preocupación y sudando, mientras entraba en una parte de la calzada despejada de vehículos abandonados.

- ¿Pretendías que me mataran? Capullo… Respondió J.M. mirando por el espejo retrovisor, o lo que quedaba de él.

- Si te digo que solamente quería asustarte un poco, no te hace gracia, ¿verdad? No, ya me supongo que no… Tío, he hecho todo lo que he podido, en serio. Aseguró Dani, volviendo a tragar saliva mientras trataba de tomar algo de aire.

- No, no hace gracia, pero no te preocupes, era broma. Gracias, lo has hecho bien. Dijo J.M.

- No hay de qué. Dijo Dani mientras atropellaba a uno de esos seres que se arrastraba por mitad de la calle porque no tenía piernas, piernas que estarían en el estómago de otro u otros de ellos.

- Bueno, estamos llegando, es ahí. Pero… espera, ¿qué es todo eso? Oh, Dios mío… ¡no! Exclamó Dani, abriendo los ojos completamente y poniéndose la mano izquierda en la cabeza sin dejar de conducir.

Habían llegado a la zona donde vivía Raquel, dónde antes había un pequeño jardín con césped y una zona con bancos donde la gente se sentaba, ahora solo había destrucción, cadáveres y un centenar de esos seres. seres que intentaban alcanzar a unas personas que se encontraban en el balcón una pequeña casa, intentando sobrevivir de aquella horda de zombis que hasta de lejos daba miedo.

- La cosa pinta muy mal... ahora la cuestión es, ¿dónde nos refugiamos nosotros? Porque no podemos estar aquí en el coche indefinidamente, eso está claro. Comentó el teniente J.M. mirando a Dani.

- Lo sé, bueno, ahora mismo solo se me ocurre una cosa. Pasamos de largo con el coche para que nos vean y después volvemos, así sabrán que estamos por aquí y puede que piensen algo. Mientras tanto, nosotros tenemos algo de tiempo para pensar también, más adelante está una de las salidas del pueblo, así que no nos será difícil girar para volver. Propuso Dani.

- Tienes mucha razón. Sería una locura que nos bajásemos ahí sin un plan, con más de cien caminantes muertos de esos, acorralándonos, descuartizándonos y comiéndonos. Se me ocurren mejores formas de morir, la verdad. Aseguró J.M. tragando saliva.

- No se hable más. Dijo Dani seguro de sí mismo y pisando el acelerador para ganar velocidad y sobrepasar rápidamente la gran cantidad de zombis que allí se encontraban.

Conforme pasaban, Dani se percató de que algunos de los muertos vivientes que intentaban alcanzar a aquella indefensa gente comenzaban a despegarse para seguir al vehículo. Por otro lado, Dani comprobó que entre aquella gente, le pareció ver a Raquel y a otras cuantas personas que conocía, pero no podía estar seguro de nada.