Capítulo 3: Mensaje WhatsApp recibido

Nada más sobrepasar a la multitud de caminantes, atropellando a varios de ellos y esquivando a otros cuantos, Dani miró brevemente la hora que indicaba el marcador del vehículo, las agujas marcaban ya las siete horas y cuarenta y nueve minutos de la tarde.

- Nos quedan alrededor de dos horas para que anochezca, tenemos que pensar algo, y rápido. O… estarán perdidos, estaremos perdidos. Dijo Dani a J.M. con voz nerviosa y sudando bastante, mientras lo miraba de reojo.

- Lo sé… ¡Decelera! Advirtió J.M. a Dani susurrando y haciéndole una señal con la mano izquierda.

- ¿Qué? Respondió Dani, algo confuso, mientras disminuía poco a poco la velocidad sin llegar a detenerse.

- Sí, así vas bien, pero no pares. ¿Cuánta gasolina nos queda? Preguntó el soldado a Dani de forma decidida mientras miraba por el espejo retrovisor.

- Pues… medio depósito aproximadamente, ¿por qué?, ¿algún plan? Preguntó Dani, prestando atención a la respuesta que le pudiera dar J.M.

- Algo así… Mira, ¿ves este parque a tu derecha?

- Esto… sí… llevo viéndolo desde hace veinte años, recuerda, vivo aquí… Contestó Dani con cierto tono irónico.

- Deja las bromas, ¿viste cómo estaba el portón que da acceso al parque?

- Sí, cerrada, casi siempre lo está, especialmente de noche. Incluso de día la dejan cerrada y aunque haya gente dentro, la cierran para que los perros que llevan a pasear no escapen.

- Perfecto, dime que hay un segundo portón más adelante. Rogó J.M.

- Sí, mírala, justo ahí la tienes, esta no se suele usar mucho y casi siempre está cerrada, el problema es que los niñatos suelen… bueno, solían atar cuerdas y trozos de alambre en el portón desde dentro para que no se pudiera abrir. No sé si ahora será el caso. De todos modos, como ves,  justo a la derecha del portón hay un hueco, en la verja, por el cual se puede acceder al interior sin demasiada dificultad. Advirtió Dani.

- De acuerdo, gracias por la informac… Espera… ¿Qué cojones es eso?

Dani miró al frente y frenó en seco haciendo un pequeño derrape hacia la derecha.

- Es… ¿es un camión de transporte militar abandonado? Preguntó Dani retóricamente.

- Sí… bueno… en lo primero aciertas… pero no estés tan seguro de lo segundo…

- No creo que sea buena idea permanecer aquí parados mucho tiempo. Advirtió Dani mientras observaba el camión y los alrededores.

- Intentaremos no estarlo, creo que éste parque puede ser un buen lugar para mantenernos temporalmente a salvo hasta que ideemos un plan, pero ése camión puede sernos de gran utilidad para movernos y transportar cosas o a tus amigos, y puede que hasta haya algo interesante dentro, como armas o medicinas. Explicó J.M.

- Sí, puede que tengas razón, pero… también puede ser que dentro o cerca del camión haya algún zombi, o puede que aún quede algún superviviente dentro,  incluso puede ser una trampa por parte de alguien que llegó antes que nosotros. Dijo Dani muy seriamente.

- Pues entonces nos arriesgaremos. Salgamos del coche, armados, y mientras yo investigo el camión, tú vas abriendo el portón, después entraremos, tú con el coche y yo con el camión. A continuación aniquilaremos a los posibles zombis que haya dentro y sellaremos todas las entradas, incluido el agujero que hay en la verja. Como dijiste, no tenemos mucho tiempo, así que, ¡adelante!

Ambos salieron del coche, armándose previamente. Dani equipó la 9 mm silenciada que le había prestado J.M., mientras que J.M. se armó con su fusil de asalto, también silenciado. Inmediatamente después Dani se dirigió al portón rápidamente pero con prudencia. A su vez, el soldado fue acercándose lentamente y empuñando su fusil, a la parte trasera del vehículo militar, ya que estaba más próxima a su posición.

Dani comenzó a desplazar lentamente y con dificultad el enorme cerrojo oxidado que mantenía cerrado el portón, haciendo movimientos de arriba abajo y hacia la derecha, creando un molesto e intenso ruido que provocó algo de eco en la abandonada carretera.

J.M. continuaba acercándose al camión, observando detenidamente y con prudencia cada detalle de su alrededor.

- ¡Pss! ¡Pssss! ¡Dani! Dijo J.M. sin girarse, en un tono bastante bajo, pero suficientemente alto como para que Dani se enterase.

- ¿Ocurre algo? Contestó Dani con voz agitada mientras terminaba de abrir el pestillo del cerrojo.

- Aquí hay marcas de frenada de unos dos metros de longitud que llegan hasta el camión, pero no parece que haya ocurrido ningún accidente, ya que no parece haber desperfecto alguno en el vehículo. Aunque… espera… ahí... justo al lado de la puerta del conductor hay… sí… creo que es sangre. Expuso J.M. revisando el vehículo sin exponerse demasiado.

- Quizás se atravesó algún muerto andante justo cuando pasaban, frenaron mientras giraban para evitar el atropello y luego el bicho se papease a alguno, eso explicaría las marcas y la sangre. Planteó Dani a la vez que abría con dificultad el oxidado y deteriorado portón.

- Sí, es lo más probable, por lo que hay que tener cuidado y darse prisa, no podemos entretenernos de esta forma. ¿Cómo va eso? Preguntó mirando a Dani mientras abría la compuerta trasera del camión y apartaba el sucio plástico de arriba.

- Ya casi está, pero... ¡espera!, ¡mierda! Algún cabrón de los que te dije antes ha puesto una brida de plástico entre los portones y no puedo abrirla... Dime que tienes una navaja o algo así, la mía la he dejado en el coche. Dijo Dani.


- Tienes suerte, siempre llevo la mía encima. Dijo mientras la rebuscaba en uno de los bolsillos de su pantalón. - Ahí la tienes, hazme un favor y procura llevar siempre la tuya encima, puede que la próxima vez yo no esté y puede que lo siguiente que tengas que cortar no sea una abrazadera. Aconsejó J.M. a Dani mientras le lanzaba la navaja.


- No te preocupes, lo haré. Dijo seriamente cogiéndola al vuelo. - He aprendido la lección. Comentó Dani mientras abría la navaja.

- ¡¡¡Aaaarghttt!!!


- ¡¡Cuidado!! Exclamó J.M.

En un increíble acto reflejo, Dani se giró hacía los portones a una velocidad asombrosa y clavó la navaja en la cabeza del zombi que intentaba capturarlo desde el otro lado, atravesando la afilada hoja por el pútrido ojo de aquel ser que inmediatamente después se desplomaba frente a él.


- Ahora sí... Comentó Dani con voz temblorosa girando la cabeza hacia J.M. y tragando saliva.

- Ahora sí... ¿qué? Preguntó J.M. sin saber exactamente a qué se refería.

- Que ahora sí he aprendido la lección...


- Me alegro, comentó J.M. mientras continuaba observando el interior de la parte trasera del camión.


Dani cortó con la navaja la brida que impedía el paso y abrió con algo de dificultad los portones, pues el cuerpo del zombi estaba detrás y no permitía libre movimiento al abrir.


- ¡Ey!, ¡Dani! ¡Nos ha tocado la lotería! ¡Es perfecto! Exclamó J.M. desbordando asombro y felicidad.


- ¿Qué has encontrado? ¡Sorpréndeme! Dijo Dani mientras se acercaba a su coche.


- No te lo vas a creer; un botiquín gigante casi lleno, varias cajas con alimentos y... Joder, no me lo puedo creer... Dijo J.M. sorprendido y demostrando gran felicidad.


- ¿Y...? ¡Venga!, no me des largas, que no tenemos todo el día... Peguntó Dani, deseando saber qué había allí, mientras abría la puerta del coche para desplazarlo y situarlo dentro del recinto.

- Un par de escopetas, un fusil de asalto, material explosivo, munición, y la guinda del pastel... ¡un rifle de francotirador! Dijo J.M. mostrando el rifle de francotirador a la vez que sonreía.

- ¡Vaya! Eso son muy buenas noticias. Démonos prisa y entremos al parque, me ha parecido oír algo detrás de esos matorrales de ahí detrás.


Ambos se subieron en los vehículos y los pusieon en marcha, entrando Dani en primer lugar con el coche, y J.M. en segundo lugar con el camión; haciendo bastante maniobra, pues el enorme vehículo casi no cabía por la entrada.


- Aargh... Aaarghtt!!! Waarggggg...


Decenas de gruñidos y de pasos comenzaron a escucharse, acercándose poco a poco. Provenían de la calle de Raquel, solo que ahora los zombis se habían repartido y un buen número de ellos iban hacia ellos.


Ambos salieron de los vehículos, armados. Ésta vez Dani agarró su navaja también.


- ¿Escuchas eso, verdad? Preguntó J.M. a Dani retóricamente.


- Como para no escucharlo... es asolador... Dijo Dani mientras volvía a cerrar los portones.


- Rápido, hay que darse prisa. Tenemos que cubrir los agujeros de la malla metálica que rodea el parque antes de que lleguen. ¡Corre! Busca dentro del camión, seguro que hay algo que podamos utilizar. Mientras tanto yo daré una vuelta rápida por todo el parque para encontrar más agujeros en la malla y aniquilar a los hijos de puta que haya dentro. Ordenó J.M. a Dani, yéndose nada más terminar y observando detallada pero rápidamente toda la zona.


Dani ojeó los alrededores levemente y comprobó que por el momento todo estaba despejado así que acto seguido se dirigió a la parte trasera del camión y subió dando un brinco.


Todo estaba muy oscuro y el interior del camión desprendía un intenso olor metálico mezclado con olor a madera. Entonces recordó que su teléfono móvil disponía de una aplicación que utilizaba el flash de la cámara como linterna, y si había algo que siempre llevaba encima era el móvil. Así que lo sacó del bolsillo y prendió  la linterna.


- ¿Existe algo más útil que un teléfono móvil que tiene casi de todo? Una pena que sin Internet y sin cobertura sus funciones se reduzcan a mucho más de la mitad. Pensó acordándose de Cristina.


Lo primero que vio fue el botiquín, tenía algo de polvo y estaba abierto. Era evidente que le faltaban algunas cosas, pero estaba bastante completo.


Colocados a ambos laterales, dos tablones de madera astillados con dos patas de metal a cada lado hacían de banquillos. A simple vista parecían bastante incómodos, y, como mucho cabían cuatro personas sentadas en cada uno.
En el suelo se distinguían pequeñas gotitas de color rojo, seguramente se trataba de sangre, aunque también podía ser pintura siendo optimistas. También había varios papeles inservibles, manchas resecas de grasa y muchísimo polvo y tierra.


A su izquierda había un extintor y una especie de saliente de metal, seguramente para colgar ropa y otros objetos.

Justo enfrente estaban las cajas que le comentó J.M. Tres de cartón con forma cuadrada colocadas una sobre otra y a la derecha una otra rectangular de madera abierta de la que sobresalían armas. Las cajas estaban algo deterioradas pero parecían cumplir de forma notable su función de proteger el interior.


- ¿Qué habrá ahí? Susurró Dani mirando a lo que parecía una quinta caja tapada con un trozo de tela negra muy sucia y rota que se encontraba en un rincón.


- Quizás tenga suerte. Dijo Dani con optimismo.

Rápidamente se dirigió a donde estaba la caja sin dejar de iluminarla con su teléfono móvil y, sin pensarlo, quitó la polvorienta y rasurada tela.


Se trataba de una caja metálica de mediano tamaño con herramientas y otros objetos útiles. No se paró demasiado en ver lo que había y sacó dos objetos que sin duda le podrían servir para reparar la alambrada del parque; unos alicates de corte y un rollo de alambre que parecía bastante resistente.


En ese momento se escuchó un leve grito seguido de lo que parecía el sonido de una cuchillada.


Rápidamente Dani guardó su teléfono móvil en el bolsillo y bajó del camión con los alicates y el alambre en sus manos.


Nada más bajar vio llegar a J.M. con el cuchillo en la mano. Dani se dio cuenta de que en cuestión de minutos había oscurecido bastante.


- ¿Qué hora tenemos? Preguntó J.M. mientras Dani se acercaba a él.


- Pues son las nueve y cuarto... y los caminantes no tardarán en llegar. Esto es lo que he encontrado, ¿servirá? Preguntó Dani mostrando lo que había encontrado para reparar la alambrada.


- No tenemos nada mejor, así que servirá. ¡Adelante! Hay dos agujeros más a parte de éste, aunque son algo más pequeños.

Dani le dio a J.M. el rollo de alambre mientras él mantenía los alicates para comenzar a cortar trozos.

- Antes escuché algo, ¿has tenido problemas con algún zombi? Preguntó Dani preocupado.


- Sí, me pilló desprevenido, aunque pude arremeter contra ella. Prefiero no hablar del tema, era tan solo una cría... y le he tenido que reventar el cráneo...Dijo mientras desenrollaba  una buena cantidad de alambre. 


- ¡Rápido! Corta por aquí y sujeta ambas partes de la valla con fuerza, vamos a tratar de unirlas de forma que queden bien tensas. Ordenó J.M. mientras comenzaba a pasar uno de los extremos del alambre entre los hierros de la alambrada una y otra vez para tapar el agujero.


- Hasta el momento hemos tenido mucha suerte,  ¿no crees? Comentó Dani.


- No te hagas ilusiones, la suerte puede acabarse. Dijo J.M. tras un intenso silencio.


- No me hago ilusiones, al contrario, pienso que nos podemos estar confiando. Dijo Dani .


- No te preocupes, no nos estamos confiando. Sabemos a lo que nos enfrentamos. Tan solo necesitamos seguir haciéndolo igual de bien, un poco de suerte y sobre todo fuerza, porque va a ser duro. Finalizó J.M. mientras acababa de apretar el extremo final del alambre.


- Tienes razón. ¡Vayamos al siguiente agujero! Propuso Dani mientras observaba lo bien que había quedado la reparación.


- ¡Sígueme! Quedan dos más, pero uno de ellos tiene preferencia ya que está más expuesto, justo al lado de la carretera. Dijo J.M. poniéndose ambos en marcha.


- Arghtt Arrrgghttt... ¡¡waghhhtt!! Gruñían los zombis acercándose más y más.
- ¡Mierda! Ya están aquí, y están intentando pasar por la parte dañada de la verja. ¡Rápido! Este agujero tendrás que arreglarlo tú mientras yo te cubro disparando a los que se acerquen. Hay que darse prisa antes de que lleguen más. Dijo J.M. Muy decidido mientras entregaba el rollo de alambre a Dani y equipaba su fusil con silenciador.


Dani cortó varios trozos de alambre bastante largos mientras se dirigía con J.M al agujero a paso ligero. Fuera, tres caminantes trataban de entrar, rompiendo y ensanchando aún más el agujero. Otros cuatro zombis llegaban unos metros atrás para unirse, y, echando un vistazo hacia el pueblo, podía observarse cómo a lo lejos se aproximaban como mínimo una treintena más. Los escalofriantes gruñidos y pasos cada vez se escuchaban más cerca, y a medida que se acercaban era como si esos monstruos se mostraran más y más desesperados por comer carne fresca.

J.M. Colocó el cañón de su fusil a unos veinte centímetros de la valla y realizó tres disparos limpios, impactando de forma increíblemente precisa en las sienes de cada uno de ellos.
Una vez desplomados los cuerpos, se acercó un poco más, introduciendo el cañón por el agujero de la malla, realizando cuatro tiros consecutivos más, reventándoles la cabeza a los otros cuatro de más atrás.

- ¡Zona despejada! ¡Rápido! antes de que vengan más. Yo vigilo. Exclamó J.M. mientras Dani comenzaba a sellar el agujero con el alambre, atándolo tal y como lo hizo J.M. antes.

- Grrrr... Grrrr... Arghrttt.... Graaaaaaght!!! Gruñían los zombis aproximándose.

- ¡Rápido! Ya están aquí. Dijo J.M. disparando a dos más que se acercaban.

- Un momento, solo un momento... Pidió Dani mientras hacía todo lo podía.

- ¡Vamos!, ¡vamos!, ¡vamos!, ¡los tenemos encima! No podré contenerlos mucho más. Gritó mientras lanzaba una ráfaga de balas a otros seis o siete que se acercaban rápidamente.


- ¡Ya está, ¡ya está! Dijo Dani retirándose rápidamente de la alambrada en cuanto terminó de repararla.

Segundos más tarde había tras la valla quince o veinte caminantes a los que se iban uniendo más y más, que comenzaban a agarrar, mover, estirar, empujar y morder los alambres.


- No creo que resista ... pero nos dará algo de tiempo. Dijo J.M. observando la multitud de zombis con repugnancia.


- Lo mejor que podemos hacer ahora es irnos al otro extremo del parque donde dejamos los vehículos, entrar en el camión y tratar de mantenernos en silencio, con un poco de suerte se cansarán y se marcharán mientras nosotros pensamos en algo. Planteó Dani sin dejar de mirar la horda de caminantes.


- Buena idea, vete, ahora te alcanzo, yo voy a tapar el último agujero, no hay zombis en esa zona pero es mejor no confiarse. Dijo mientras se colgaba en la espalda su fusil de asalto.


- De acuerdo, toma ésto, lo necesitarás. Yo voy a buscar algo en el camión para comer, necesitamos fuerzas. Dijo Dani mientras entregaba el rollo de alambre y los alicates de cortar.


- Perfecto, no sabes el hambre que tengo. Comentó J.M. mostrando una débil sonrisa.


- Sí, si lo sé. Afirmó Dani dándose la vuelta y yéndose.


J.M. miró a su derecha tratando de encontrar el agujero restante que vio antes. No tardó en encontrarlo, así que se dirigió a él en silencio. El agujero se encontraba al otro lado del parque, limitaba con una parcela de terreno bastante grande y aparentemente dedicado a la ganadería. J.M. comprobó que el agujero estaba a una altura considerable de la zona de peligro del suelo,pero prefirió no correr riesgos.


Le tomó escasos minutos tapar la rotura, pero al finalizar la reparación no pudo evitar quedarse perplejo observando el paisaje que se divisaba desde esa zona, paisaje rural que más bien parecía una escena sacada de la peor de las pesadillas que nadie podría imaginar. Una estampa en la que lo único que podía calificarse como hermoso era la enorme puesta de sol que yacía en el horizonte, de la cual solo se apreciaba una parte, ya que la otra estaba cubierta por una gran cantidad de humo y cenizas que desprendía una vivienda en llamas cercana. A su alrededor se distinguían varios animales muertos y descuartizados, de los cuales uno de ellos agonizaba mientras se ahogaba en su propia sangre.
Mientras tanto, Dani había encontrado en las cajas una considerable variedad de comida enlatada y envasada, así como algunas botellas  y briks de bebidas y leche.

- Atún, sardinas en escabeche, pulpo, guisantes, espárragos, caballa, pechuga de pollo, tortilla de patatas... ¡Me pido tortilla! Y para beber... ¡Zumo de naranja! Mmmm... ¿Qué quedrá J.M.? Se preguntó Dani mientras destapaba el bote de zumo.


J.M. se giró tras contemplar aquella locura y comenzó a caminar sigilosamente en dirección al camión, sin dejar de darle vueltas a la cabeza intentando idear un posible plan lógico para sacar a esa gente y a la amiga de Dani de aquella encerrona. 


¡Crash!


- ¡Mierda! Susurró J.M tras pisar involuntariamente una rama que había en el suelo.


Inmediatamente después, los muertos viviente que había tras la valla comenzaron a golpearla con más fuerza y se mostraban más cabreados.


J.M. se detuvo momentáneamente  y giró la cabeza a la posición de los zombis, cuando, de repente, una remota idea surgió en su cabeza.


-¡Así que os atrae el ruido! ¡Os enfurece porque sabéis que si hay ruido hay carne fresca! ¿Eh? Entonces imagino que os gustará la música, ¿verdad?, ¡cabrones? Susurró J.M  de manera sarcástica a los zombis.


- J.M. comenzó a caminar más rápido, aunque sin llegar a correr, dirigiéndose al camión y procurando ser lo más sigiloso posible.


- ¿Quieres un poco de tortilla y un cerveza? Preguntó Dani relamiéndose cuando vio que J.M. subía a la plataforma del camión.


- ¡Shhh!¡Escucha! Tengo un plan. Comentó J.M. en voz baja y algo alterado.


- ¡Calma!, ¡calma! Siéntate y come algo mientras me cuentas la idea. Dijo Dani saboreando el trozo de tortilla que tenía en la boca.


- Dime que tienes música en el coche y unos buenos altavoces. Preguntó J.M. apoyando la mano en la polvorienta pared metálica del vehículo.

- Claro que si, tengo un reproductor con puerto USB, un pendrive lleno de buena música, varios CDs. Y los altavoces suenan muy bien. Explicó Dani mostrándose algo preocupado mientras daba un trago a su zumo de naranja


- ¡Perfecto! Pues vamos a necesitar música y ruido, mucho ruido. Comentó J.M. percatándose de que a Dani le sucedía algo.


- Creo que me imagino el plan, o al menos en parte. ¡Cuéntamelo! Si es lo que creo, podría funcionar... Dijo Dani intentando ser optimista.


- Dani, los encontraremos, y tengo el presentimiento de que están bien y a salvo, ¿de acuerdo? Dijo a Dani sentándose a su lado y poniéndole la mano en el hombro.


- De acuerdo. Dijo levantando levemente la mirada y forzando la sonrisa. - Cuéntame ese plan. Pidió dando el último trago a su vaso de zumo.


- Pues la idea parece sencilla, pero no lo es. Las probabilidades de que se complique son elevadas y cabe destacar que tiene un riesgo alto. Posiblemente tendremos que improvisar en algún momento.


- Sí... cuenta... Dijo Dani prestando especial atención.


- Iré al grano. El plan consiste en lo siguiente: Tú conduces el coche y yo el camión, irás delante de mi a una velocidad considerable y con la música al máximo volumen. Para ello abrirás la ventanilla del copiloto un poco para evitar que logren agarrarte. Tu misión es armar un buen jaleo para que te siga la mayor cantidad posible de zombis, eso sí, pase lo que pase no te detengas. Yo iré detrás a unos doscientos metros y cuando llegue, fusilaré a los que queden e intentaré dar con tu amiga. Trata de despistarlos y a continuación vuelve a la calle de Raquel para reencontrarnos. Para ello necesitarás más gasoil por si la cosa se pone fea. Yo necesitaré ver una fotografía o que me des una descripción de Raquel para no perder el tiempo buscándola, dame también referencias de tus demás seres queridos, por si me encuentro con alguno de ellos. También abriré la lona que cubre la plataforma del camión, por si alguien tuviese que saltar desde arriba. Sé que es arriesgado, peligroso e inseguro, pero no encuentro una idea mejor. ¿A ti qué te parece? Explicó J.M. mientras daba algunos tragos a la cerveza que le había dado Dani.


- Saldrá bien. Si tenemos un poco de suerte, astucia y no cometemos fallos lo conseguiremos. ¡Cuenta conmigo! Dijo Dani comiéndose un trozo de tortilla.


- ¡Estupendo! Pues hay que ir preparándose, ya son las diez menos cuarto. Todavía se ve pero el tiempo se nos ha echado encima y está anocheciendo. De todas formas lo haremos ahora. Dijo J.M cogiendo el último trozo de tortilla y levantándose del asiento.


- ¡Mira! Exclamó Dani mientras se levantaba y sacaba su teléfono móvil del bolsillo. - Te voy a mostrar algunas fotos de mi gente, para que los reconozcas si los encuentras. Dijo mientras accedía a la galería de fotos de su terminal. - Esta chica es Cristina, mi novia. Éste es Alberto, mi hermano. Ésta es Raquel. Aquí mis padres. Y en esta fotografía están todos los demás. Dijo entristeciéndose y tragando saliva mientras deslizaba el dedo por la pantalla del móvil.


- Será fácil reconocerlos. Comentó J.M. memorizando cada uno de los rostros de las imágenes.


- Pues en marcha, ve quitando la lona al camión, que del gasoil para el coche me encargo yo, sé dónde hay. Aseguró Dani girándose y limpiándose una lágrima del ojo dirigiéndose a la caja de metal del rincón.


- De acuerdo. Confirmó J.M. sin saber muy bien qué decirle al verlo tan preocupado. - ¡Dani! Que sepas que Cristina es mucho más guapa y parece mejor chica que la Raquel esa. Tienes mucha suerte de estar con ella. Lo que te quiero decir es que si hemos encontrado a Raquel, también encontraremos a Cristina, aunque se me vaya la vida en ello. Dijo J.M. intentando animarlo.


- Lo sé, Cristina es la chica más hermosa que he conocido, intentar describirla sería como querer describir a una diosa, y no hay palabras para eso. Dijo Dani sonriendo levemente mientras sacaba una sucia lata de gasoil de la caja metálica.

- Sé que estás preocupado especialmente por ella, y créeme, estoy convencido de que los encontraremos, o ellos a nosotros. Dijo entrecortándose y hablando con dificultad mientras quitaba la lona.


- Eso espero... Gracias por preocuparte y por la inmensa ayuda que me estás prestando, no sabría como pagártelo. Bueno, voy a llenar el depósito del coche, te espero fuera. Dijo Dani bajando de la plataforma con la lata de combustible en su mano.


Tras la valla que rodeaba el parque seguían escuchándose los repetitivos y aberrantes gruñidos de aquellos seres deseosos de carne humana viva, aunque, por la zona de los portones no se escuchaba movimiento de momento.


- Dani abrió la tapa del depósito de combustible del coche y comenzó a echar gasoil. Por suerte, la boquilla de la lata era lo suficientemente larga como para poder vaciar el combustible en el depósito del vehículo sin derramar ni una sola gota. El depósito no se llenaría demasiado, pero menos es nada.


- ¿Cómo va eso? Susurró J.M. bajándose del camión.


- Bien, esto ya está. He vaciado la lata. Respondió en voz baja cerrando el depósito y dejando la lata en el camión sin llegar a subir. - ¿Cómo está el depósito del camión? Preguntó con la intención de ir a buscar gasolina.


- No te preocupes Dani, el camión tiene suficiente combustible.


Ambos permanecieron unos segundos en silencio, mirándose, Dani tragó saliva.


- ¿Preparado? Preguntó J.M.


- ¡Preparado! Respondió Dani.


- Ya sabes, sales primero y provocas el mayor ruido que puedas, tratas de dar esquinazo a los zombis y no dudes en disparar si te encuentras en peligro. Después vuelves a la calle de Raquel y te sitúas en un lugar seguro. Nos encontraremos allí. Volvió a repetir J.M.


- Entendido. Buena suerte J.M., espero que nos volvamos a ver. Dijo Dani subiéndose en el coche.


- Lo mismo digo, cuídate Dani. Volveremos a vernos. Dijo J.M. despidiéndose mientras abría los portones.


J.M. disparó a dos caminantes que había cerca y revisó la zona. Había más caminantes pero estaban más alejados y no suponían una amenaza si se daban prisa.


- ¡Adelante! ¡Camino despejado! En unos minutos salgo yo. Recordó J.M. a Dani haciéndole señas con las manos para que saliera.


Dani introdujo la llave en el contacto y puso en marcha el vehículo. Bajó un poco la ventanilla del otro lado y configuró el reproductor en modo USB. Comenzó a salir por los portones, incorporándose a la estrecha y apocalíptica carretera repleta de seres movidos como marionetas asesinas en busca desesperada de comida. J.M. volvió a cerrar los portones de nuevo.


En ese momento sonaba, con el volumen al mínimo, una canción que recibía el título de "SubVive" de Burn, pero modificada por Fonik; una canción del género dubsted y por lo tanto muy apropiada, pues este tipo de música electrónica suele ser muy ruidosa. Una canción que le encantaba y que, además, le hizo recordar a su hermano, aún desaparecido en medio del apocalipsis, ya que a Alberto le gustaba ese tipo de música.


Una vez se incorporó a la carretera, pudo comprobar que el grupo de caminantes seguía aporreando la valla y cada vez se acercaban más a los portones por donde había salido.


Había como cuarenta zombis desperdigados por la zona. Aproximadamente la mitad en medio de la calzada caminando de un lado hacia otro, y la otra mitad apegados a la valla sin cesar de destrozarla.


A unos diez o quince metros de donde se encontraba el primer zombi, Dani puso las largas. Acto seguido, subió el volumen al máximo, casualmente al comienzo del estribillo de la estruendosa canción.


- Esto va por vosotros. Dijo con voz estremecedora y como si estuviera poseído mientras pasaban por su cabeza borrosos y rápidos recuerdos de aquellas personas importantes para él, que puede que jamás volviera a ver.


- ¿Me queréis? ¿Queréis comerme? ¡Pues venid a por mi! ¡Cabrones! ¡Los huevos me vais a comer! ¡Desgraciados! Gritó Dani con todas sus fuerzas envuelto en una inmensa ira mientras intentaba abrirse paso.


- ¿No? ¡Pues si no os apartáis os voy a apartar yo! Dijo Dani en tono malvado y pisando al máximo el acelerador, atropellando a algunos zombis y esquivando las grandes masas.


- ¡Jaja! ¡Con las piernas destrozadas y el cuerpo reventado no sois tan listos! ¿Verdad? Gritó Dani atropellando a uno más que dejaba un parchajo de tripas y sangre en el capó y parte de la luna.


Tras salir de la multitud de caminantes, con toda la parte delantera del vehículo deformada y llena de vísceras y sangre, Dani redujo la velocidad, asegurándose de que los zombis lo siguieran.



- ¡Está loco! Pero tiene coraje... Ojalá salga bien... Dijo J.M. al escucharlo mientras posicionaba el camión.

Dani llegó a la calle donde se encontraba aquella enorme horda de zombis, y, aunque ésta vez había menos, seguían acechando la casa de Raquel e intententaban capturar a las personas que había en el balcón.


- ¡Escondeos y no hagáis ruido! ¡Voy a intentar quitároslos de encima! Gritó Dani con todas sus fuerzas, bajando por un momento el volumen de la música y tocando dos veces el claxon.


Había dos chicas en el balcón, por lo que pudo distinguir fácilmente a Raquel, que estaba entre ellas. Tan solo pudo verla durante unos segundos, pero era evidente que era ella, que estaba asustada y, por lo visto, bastante sorprendida de ver a Dani arriesgándose de tal forma.


Dani volvió a subir el volumen de la música al máximo y aceleró un poco. Tocando la bocina con el fin de seguir provocando ruido fue por la calle que daba a parar a su casa, con la intención de desperdigar a los caminantes por esas estrechas callejuelas y perderlos de vista para luego dar un rodeo tomando la ancha avenida que se encontraba paralela a dicha calle y reencontrarse con J.M. y, con un poco de suerte, con alguien más.


- ¡Venid aquí! ¿Os gustan las visitas turísticas guiadas? Gritó Dani al girar para entrar en una de las callejuelas.


- ¡Joder! Murmuró Dani al comprobar que la callejuela por la que había entrado estaba parcialmente bloqueada por vehículos y algún que otro zombi.


Dani aceleró un poco y sorteó los obstáculos subiendo el vehículo por la acera, llevándose por delante una bicicleta pequeña rosa ensangrentada y atropellando a varios caminantes que había en la zona.


Dani giró a la derecha para hacer un improvisado recorrido en zig-zag por las calles. Justo en ese momento comenzó a sonar otra canción, completamente diferente a la anterior, "Bailando" de Enrique Iglesias, tema que estaba siendo la canción del verano hasta que todo cambió.


- ¡Ahí tenéis el temazo del verano! ¡Disfrutadlo! Gritó Dani atropellando a otro zombi y mirando por el retrovisor cómo pasaban las ruedas por encima de él.

- ¡Funciona! ¡Me están siguiendo todos! Dijo Dani.

Dani dio un nuevo volantazo hacia la izquierda y continuó conduciendo en zig-zag por unas cuantas calles más sin detenerse en ningún momento, calles que, por suerte, estaban más despejadas y se podía circular sin demasiados problemas. A través de la luna y de las ventanas pudo comprobar que algunas personas se ponían a salvo en las partes más altas de los edificios, ya que muchas estaban asomados a los balcones y azoteas. Estas personas estaban realmente asustadas y desesperadas, incluso le pareció ver a dos niños pequeños llorando y abrazando a la que seguramente sería su madre.

Mientras tanto, J.M. se disponía a realizar su parte de la misión. Así que abrió los portones, subió al camión, lo situó fuera, volvió para cerrar los portones y de nuevo subió al camión poniéndolo en marcha. Todo ello asegurándose previamente de que no había peligro.


Ha llegado el momento. Pensó J.M. mientras atravesaba la desolada carretera del parque, pisando los nauseabundos restos desperdigados por toda la zona y las marcas de neumático ensangrentadas que había dejado Dani a su paso.


J.M. no tardó en llegar al lugar pactado para el encuentro, todo estaba completamente destrozado. Había cadáveres, restos humanos, sangre y objetos personales por todos lados. Aún quedaban zombis merodeando, al menos una decena, de los cuales varios se arrastraban como podían por el suelo, ya que Dani los habúa atropellado, rompiéndoles las extremidades.


Miró al balcón, dos personas permanecían acachadas mirando al exterior y hablando entre ellas, una de ellas era Raquel, J.M. lo tenía claro, era la chica de la foto. Dentro de la habitación podía apreciarse a más gente, bastante agitada, pues no paraban de moverse de un lado a otro ni de susurrar.


Seguidamente detuvo el camión, atropellando previamente a uno de los zombis que se arrastraban, aplastándole con las ruedas la cabeza como si de un melón se tratase. Cogió su arma de asalto silenciada y munición y bajó del vehículo, disparando en la sien a los caminantes que quedaban en la calle.


¿Estáis todos bien? Hay algún herido? Dadme información sobre vuestra situación ahí dentro. Dijo J.M. en tono alto mientra disparaba al último zombi, al cual le faltaba un brazo.


- Nos hemos refugiado aquí porque hay monstruos de esos en la parte de abajo. La puerta estaba abierta y entraron, mataron a... mataron a algunos de los que estaban con nosotros y huimos a la parte de arriba mientras ellos... ellos... Antes de subir pudimos cerrar la puerta para que no entraran más. Explicó llorando una señora que estaba junto a Raquel.


- ¿Cuántos zombis entraron y a cuántas personas han mordido o arañado? Preguntó J.M. apuntando con precaución a la puerta.


-Tres, entraron tres... mataron a mi madre y a una vecina y mordieron a mi hermana... nosotros conseguimos huir y protegernos aquí... pero... casi me atrapan... Mi... Mi madre está muerta... y mi hermana... seguramente también... Dijo Raquel con voz temblorosa y entrecortada con lágrimas en todo el rostro.


- De acuerdo, mantened la calma y no os mováis de ahí, ¿entendido? Posiblemente ahora haya ahí dentro seis zombis en lugar de tres, así que voy a entrar para comprobar que se han convertido y acabar con ellos si es así, si no lo hago, tarde o temprano llegarán a donde estáis y acabaréis igual. ¿Tenéis la llave de esta puerta a mano? Dijo J.M. mientras escuchaba gemidos dentro de la casa.


- Mi hermana fue mordida en el brazo y huyó hacia el otro lado de la casa, puede que aún esté viva... Comentó la chica sin parar de llorar mientras le lanzaba la llave.

- Tú eres Raquel, ¿verdad? Preguntó a la muchacha.


- Sí... Respondió.


- La encontraré, pero... los mordiscos de esos seres... Comentó J.M. sin saber muy bien de qué manera decirlo.


- Lo sabemos... Pero si sigue siendo como nosotros podemos intentar salvarla... o al menos despedirnos de ella... Dijo la señora llorando también.


J.M. abrió la puerta con la llave y le dio una patada, retrocediendo rápidamente mientras apuntaba. Inmediatamente después disparó al primer zombi que aparecía de frente. Tras el cuerpo del caminante desplomándose aparecían otros dos más, uno saliendo por la derecha y otro bajando por las escaleras de la izquierda. No dudó y realizó dos disparos limpios, aniquilando a ambos. Después miró hacia atrás en un impulso que le hizo dudar entre si era mejor cerrar la puerta para que no entrara ningún zombi más o si era mejor mantenerla abierta por si algo salía mal dentro y tenía que huir rápidamente. Finalmente volvió a mirar al frente decidiendo así mantener la puerta de la entrada momentáneamente abierta.


Avanzó lentamente por el recibidor observando con precaución cada habitación que encontraba a su paso, sin dejar de apuntar con su arma allá a donde miraba.


Al llegar al salón pudo escuchar los gruñidos y el sonido del masticar de uno de ellos. J.M. se mantuvo frío y entró, apuntando instantáneamente y disparando al zombi, que se encontraba arrodillado de cara a la pared devorando el abdomen de una mujer que yacía en el suelo completamente encharcada en sangre. Tras meditar y contemplar la escena y con el fin de evitar riesgos, disparó también a la cabeza de dicha mujer, pues ya no se podía hacer nada por ella.


Justo en ese momento J.M. escuchó el ruido de un coche a bastante velocidad que se detenía cerca de la casa, cosa que hizo que se alegrara bastante.


- ¡Lo logró! Pensó J.M. mientras intentaba abrir la puerta de la cocina.


Dani bajó del vehículo y se dirigió corriendo a la casa comprobando antes que era seguro moverse por allí.


- ¿El soldado está dentro? Preguntó Dani a Raquel y a la otra chica que había en el balcón.


- Sí, pero Dani... Ten cuidado... Hay zombis dentro.Dijo Raquel con miedo.


- Vale, no os preocupéis. ¿Estáis bien? Preguntó.


- Sí, nosotras si. Pero han mordido a mi hermana. Dijo Raquel.


- Vale, voy a entrar para ayudar a J.M. No os mováis de ahí. Dijo Dani mientras se acercaba a la puerta.


Dani sacó su arma y se cubrió en el lado izquierdo de la puerta en posición de ataque.


Justamente cuando Dani iba a preguntar desde la puerta que si J.M. estaba dentro, empezaron a escucharse pasos lentos y silenciosos, después comenzó a abrirse la puerta. Dani al percatarse de ésto se retiró un poco y apuntó a la puerta con su arma.


- ¡No dispares! Soy yo, pasa... ¡Rápido! Susurró J.M.


- ¿Cómo está aquí la situación? Susurró Dani entrando y cerrando la puerta de nuevo.

- Entraron tres, mataron a dos y mordieron a una chica en un brazo que debe estar por aquí. Ya he matado a tres, por lo que quedan dos caminantes en la casa y la chica herida, que también puede estar ya convertida. Explicó J.M. señalando los cuerpos de los tres zombis fusilados.


-De acuerdo, ¿qué te queda por revisar? Preguntó Dani intentando averiguar dónde podían estar las otras tres amenazas.


- Pues queda por revisar el baño, la cocina y el patio, aunque puede que arriba haya alguna otra habitación con zombis. Contestó J.M. señalando dónde estaba cada lugar que quedaba por revisar.


- Iré al baño y a la cocina, encárgate tu del patio y de la planta de arriba. ¿Te parece bien? Propuso Dani con el fin de aligerar el paso.


- De acuerdo, ten cuidado, y ya sabes, dispara sin dudar si te ves en peligro. Pero si los pillas desprevenidos usa tu cuchillo. Aconsejó J.M. a Dani en voz baja dándole luz verde con la mano.


Dani se dirigió al baño, que tenía la puerta entreabierta. No tardó en descubrir a medio camino que uno de ellos estaba allí, pues pudo divisar una sombra que se movía a través de la rendija. Dani no se lo pensó y, sin soltar el arma, abrió lentamente la puerta del baño hasta la mitad. Increíblemente la puerta no hizo ni el más mínimo chirrido. El zombi estaba de espaldas a él, mirando hacia la bañera, por lo que guardó su arma y desenfundó su cuchillo. Dani entró sigilosamente mientras levantaba el brazo con el cuchillo empuñado, pero justo cuando estaba a punto de llegar a él, el caminante lo escuchó y se giró bruscamente abalanzándose sobre Dani y cayendo ambos al suelo hacía atrás.


- ¡Hija de puta! Gritó Dani forcejeando con una mano para evitar que lo mordiera e intentando clavarle el cuchillo con la otra.


Finalmente logró quitárselo de encima empujándolo hacia un lado, clavándole rápidamente el cuchillo en la cabeza antes de que se levantara. Por suerte el zombi no había conseguido herirlo de ningún modo.


Dani salió del cuarto de baño, algo alterado y con la camiseta manchada de la sangre del zombi. Se dirigió al siguiente punto de la casa por revisar, la cocina. Teniendo en cuenta que si J.M. no había vuelto a matar ninguno más, solamente quedaba un caminante y la chica mordida, que a esas alturas podía ser zombi también.

Mientras tanto J.M. pasaba delante de una puerta con cristalera que daba acceso al patio, no necesitó entrar, pues desde ahí pudo observar que en el diminuto patio no había peligro alguno.


- ¡Patio despejado! ¡Aquí no había ninguno! Me dirijo a la parte de arriba. Dijo J.M. no demasiado alto.


- ¡Baño despejado! Había uno y lo he matado, por lo que queda otro más y la chica. Voy hacia la cocina. Contestó Dani sin subir el tono.


- ¡Socorrooooo! ¡Subid por favor! ¡Ayudaa! ¡Aquí fuera hay uno! Gritó desconsoladamente una de las chicas de arriba mientras los demás gritaban tras escucharse un golpe en la puerta de arriba y un gruñido.


- ¡Ya voy yo Dani! Tú encárgate de la cocina, si necesito ayuda te aviso. Dijo J.M. avanzando con cuidado por las escaleras y sacando su cuchillo de combate.

- ¡De acuerdo! ¡Ten cuidado!. Respondió Dani intentando abrir el pomo de la puerta de la cocina sin conseguirlo.


- ¡Qué raro! Es como si  algo bloqueara el paso. Pensó Dani empujando a la puerta un poco sin lograr moverla ni un centímetro


En ese momento J.M. llegaba arriba mientras comprobaba que un zombi con aspecto de hombre muy mayor aporreaba la puerta de madera y comenzaba a abollarla con sus manos.

Sigilosamente J.M. se acercó al caminante, que estaba justo a su frente de espaldas y en un increíble movimiento rápido propio de técnica militar, le realizó con su cuchillo un apuñalamiento limpio desde el cuello hasta el cerebro, cayendo el zombi al suelo sin ni siquiera darse cuenta.

- ¡Ya no hay peligro! ¡Podéis abrir! Dijo J.M. a las personas de la habitación dando dos golpecitos en la puerta.

- De acuerdo señor, espere un momento. Dijo una chica desde dentro mientras sacaba la llave. - Muchas gracias por todo. A usted y al otro muchacho. Dijo la joven muy agradecida tras abrir la puerta.

En la habitación había un total de cuatro personas, dos muchachas jóvenes, una mujer mayor y un hombre de unos cincuenta años.

De pronto se escuchó un fuerte golpe en la parte de abajo. Todos salieron corriendo tras J.M. con precaución para comprobar qué sucedía.

- Oh...¡No! Exclamó Dani tras lograr mover la puerta y la mesa de mármol que bloqueaba el paso, al descubrir que la chica herida era la hermana de Raquel.

La chica, tendida en un rincón de la cocina y apoyada un poco en la pared, junto al frigorífico, estaba sobre un enorme charco de sangre y tenía casi todo el brazo desgarrado. Sobraba decir que había perdido mucha sangre y se encontraba muy mal, tenía la cara extremadamente pálida y sufría unos terribles espasmos por todo el cuerpo.

Dani, impactado, se acercó rápidamente. A mitad del camino recordó que Sandra, que así se llamaba la joven, podría transformarse en cualquier momento dada la gravedad en la que se encontraba, por lo que aminoró el paso y acercando la mano a su arma de fuego comenzó a caminar precavidamente.

- Sandra... ¡Sandra! ¿Estás despierta? Preguntó Dani deteniéndose a un par de metros.

- Dani... ¿Eres tú? Me duele mucho... Tengo frío... los monstruos me persiguen... Dijo Sandra delirando y casi sin fuerzas.

Dani, al comprobar que Sandra aún seguía consciente, se acercó para tocar su frente y de esa forma comprobar su temperatura corporal. Justo en ese momento entraron los demás por la puerta de la cocina.

- Tiene mucha, mucha fiebre y está delirando, ha perdido mucha sangre. Está muy mal... Dijo Dani acachando la mirada y retirándose sin poder hacer nada por ella.

- ¡Hermana! Gritó Raquel llorando y acercándose.

- Hija... Dijo llorando el hombre de cincuenta años acercándose despacio junto a Raquel, era el padre de ellas.

- Tened cuidado. Les dijo J.M. poniéndoles el brazo delante para que se acercaran despacio a ella.

- Hermanita... Papá... Que bien que estéis, os echaba de menos... los monstruos... me quieren matar... Tenéis que ayudarme... yo sola no puedo... Pero tened cuidado... Os quiero... Dijo Sandra con mayor dificultad, acto seguido cerró los ojos y su cuerpo dejó de temblar.

- ¡Sandra! ¡No! ¡No te vayas! Gritó Raquel acercándose rápido a ella.

- ¡Hija! No... no... ¡No! Dijo su padre agarrando a Raquel de la mano y acercándose juntos a Sandra.

- Nosotros también te queremos, preciosa... no lo olvides nunca. Dijo su padre acachándose y echándose las manos a los ojos llorando.

- Yo también te quiero hermanita, dijo Raquel cogiendo a su hermana de la mano.

- Es mejor que salgáis de aquí, va a transformarse. Ya no podemos hacer nada, excepto darle una mejor vida y no dejarla aquí. Dijo J.M. cogiéndolos de las manos y retirándolos.

Todo se quedó en silencio unos segundos, tan solo se escuchaban los sollozos y la respiración de los presentes. Esperando a que alguien pusiera fin a esa situación, fuera como fuera.

Dani, con la mirada perdida hacia abajo, sacó su arma de fuego y tendió su brazo con ella en la mano frente a los demás, con la intención de que alguien se decidiera.

- Yo no puedo Dani, es mi hermana... no puedo hacerlo. Dijo Raquel temblando y con una ansiedad terrible.

Dani miró al padre y le acercó el arma para que la cogiera. J.M. era capaz de hacerlo, pero no quiso intrometerse.

- Yo tampoco puedo... Es demasiado... Dani... ¿podrías hacerlo tú? Por favor... Eres un buen chico,y nadie te va a culpar por ello... Por favor... Hazlo por nosotros...

Dani, sosteniendo aún el arma... suspiró temblando y se detuvo unos instantes para pensar.

- Hay que hacerlo ya... estamos arriesgándonos mucho... Dijo J.M. Con la mayor delicadeza que pudo.

- Está bien... pero necesito que salgáis... no creo que queráis verlo... y no quiero que quede en vuestras cabezas esta escena... Pidió Dani mientras se daba la vuelta y volvía a mirar a la chica ya fallecida.

- Está bien, salgamos fuera. Dijo el padre mientras todos se daban la vuelta para salir de la cocina.

Una vez salieron, Dani se acercó a la joven, comprobó el arma y quitó el seguro. La chica comenzó a abrir los ojos, unos ojos negros y con venas rojas, unos ojos que daban miedo. Se podía oír como sus cuerdas vocales comenzaban a producir un leve gruñido y su rostro comenzaba a tomar aspecto maligno. Dani no se lo pensó y acercó el cañón a la sien de la chica, miró hacia un lado y cerró los ojos. Instantáneamente después apretó el gatillo, poniendo de esa forma fin a su sufrimiento y ofreciendo a la muchacha la posibilidad de descansar en paz.

Dani se levantó, con la oreja ensangrentada tras haberle salpicado algo de sangre, y se dirigió fuera de la cocina para reunirse con los demás.

- ¡Larguémonos de aquí, por favor! Dijo Dani en voz baja cuando llegó a ellos.

Todos caminaron hasta la salida de la casa, aún sollozando algunos de ellos. De repente, unos sonidos electrónicos de corta duración comenzaron a escucharse repetidas veces conforme iban acercándose a la puerta.

- ¡Esperad! ¡No abráis! Es mi móvil, está sonando mi móvil... ¿Volvió la cobertura? Preguntó Dani a los demás mientras sacaba el teléfono de su bolsillo. - Son mensajes de whatsapp, tengo cobertura. No, esperad, volvió a quedarse sin señal. Dijo Dani mirando el panel de arriba de su Android mientras accedía a los mensajes que le habían llegado.

Los demás, asombrados, sacaron los suyos esperando que también hubieran captado señal.

- No, el mio no, sigue igual. Dijo Raquel.

- Tampoco el mío, Dijo su padre.

- Este tampoco. Confirmó la otra muchacha joven.

- Parece que solamente el tuyo ha captado cobertura, desde luego es algo inexplicable. Dijo J.M. acercándose a Dani.

Dani se quedó en silencio leyendo aquellos mensajes que le habían llegado como caídos del cielo, aún no se lo creía, pero ahí estaban.

- ¿Y bien? ¿Son buenas noticias Dani? Preguntó J.M. Deseando una respuesta afirmativa.

- Sí, J.M. Son buenas noticias. Dani por fin manifestó una leve sonrisa y mostró al grupo los mensajes que le habían llegado. Eran de Cristina y los mensajes decían así:



Cristi:
- Cari, ¿estás ahí?
- Dani, llámame, tenemos que hablar.
- ¿Estás bien? Llámame, por favor. 
- Dani, no sabemos que está pasando... la gente se está volviendo loca... llámame por favor, estoy preocupada...
- Por favor si lees esto avísame de alguna forma, si no puedes ven a buscarme... mis padres han decidido que lo mejor era refugiarnos en nuestro campo, tú sabes donde está, vamos a salir hacia allí... ven por favor... necesito saber que estás bien... Te necesito...
Ya nos vamos, te quiero, no lo olvides...

- Bueno, pues parece ser que un nuevo destino nos espera, y si es al campo seguramente será más tranquilo que todo este infierno. Comentó la otra chica que estaba con ellos.

- Pues sí, la verdad es que conozco aquel lugar y parece un buen refugio, debemos ir. Necesito encontrarla y saber que está bien. Esto... Aún no se tu nombre... ¿Cómo te llamas? No te he visto nunca por aquí. Preguntó Dani a la muchacha.

- Pues verás, me llamo Jennifer, pero llámame Jenni. Soy de Mallorca y me vine a la península para realizar las pruebas físicas de la Policía Nacional. Explicó Jenni mostrándole su arma sin quitársela del cinturón.

- Espera... ¿Fuiste tú la que disparó muchas veces esta mañana? Preguntó Dani completamente seguro, ya que sabía que tantos caminantes no podían haber llegado hasta ellos así como así.

- Pues sí... fui yo... Comenzaron a venir más y más... Y pensé que lo mejor era matarlos, ya vi que no, que tan solo conseguí atraerlos. Dijo Jenni arrepentida.

- No te preocupes, pero ya sabéis, el ruido los atrae. Hay que tener cuidado, recordad que nuestra mejor arma contra ellos es la prevención. Me alegro de conocerte, Jenni. Dijo Dani sonriendo.

- De acuerdo. Igualmente. Dijo Jenni mientras los demás asentían.

Dani abrió un poco la puerta de la calle con precaución. Miró al exterior y comprobó que todo estaba muy oscuro, era noche cerrada. Miró su reloj de pulsera, eran las tres y pico de la madrugada.

- Es mejor que pasemos aquí la noche, salir ahora sería de locos. Nos pondremos en marcha mañana por la mañana, haced vuestras maletas, coged lo que necesitéis, lo básico. Tenemos más provisiones y armas en el camión. Ahora necesitamos descanso, ha sido un día muy duro y debemos estar despejados. Dijo Dani volviendo a cerrar la puerta con llave.